Las Leonas volvieron a ser campeonas del mundo: la gesta que Funes vivió de cerca en 2010 se repite 16 años después

Las Leonas volvieron a ser campeonas del mundo: la gesta que Funes vivió de cerca en 2010 se repite 16 años después

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Argentina venció a Países Bajos por penales en Amstelveen y consiguió su tercera estrella mundial. Para quienes tenemos memoria futbolera y también de palo y bocha, la alegría de hoy es inseparable de aquella tarde de septiembre de 2010, cuando el Mundial se jugó a un puñado de kilómetros de casa.

Hoy, sábado, en el Wagener Stadium de Amstelveen —el mismo «templo» del hockey mundial—, Las Leonas volvieron a escribir una página que en Funes se sigue con un cariño especial. El equipo argentino derrotó a Países Bajos 3 a 1 en la definición por penales, después de igualar 1 a 1 en el tiempo reglamentario, en la casa misma de las últimas campeonas y actuales campeonas olímpicas. La arquera Cristina Cosentino volvió a taparlo todo en los penales y Sofía Cairó fue la encargada de sellar la consagración.

No es un dato menor: con esta tercera estrella, Las Leonas quedan solas en el segundo escalón histórico de los Mundiales, detrás de Países Bajos, que venía de ganar los tres certámenes anteriores de manera consecutiva. El equipo de Fernando Ferrara llegó invicto a la final, después de superar a Australia en semifinales con un gol de Julieta Jankunas, una de las figuras del certamen.

Rosario, 2010: cuando el Mundial nos quedó a la vuelta de la esquina

Para entender lo que significa hoy este título, hay que volver 16 años atrás. El 11 de septiembre de 2010, Rosario —a un paso de Funes— fue sede del Mundial de Hockey femenino, y Las Leonas se consagraron campeonas por segunda vez en su historia derrotando también a Holanda, 3 a 1. Aquella definición tuvo nombre propio: Luciana Aymar, la rosarina que la crónica deportiva no duda en llamar la mejor jugadora de la historia del hockey.

Más de 15 mil personas colmaron aquel estadio y millones más siguieron el partido por televisión en todo el país, mientras Las Leonas repetían en casa la gesta que ocho años antes habían conseguido en Perth. Aymar no fue una figura más de aquel plantel: llegó a la final después de haber marcado el gol clave en la semifinal ante Alemania y terminó el torneo distinguida como la mejor jugadora del campeonato, coronando lo que ya era, para ese entonces, una carrera irrepetible. Esa noche jugaba, además, a metros de su propia casa, y vivió la consagración rodeada de familia y amigos en la tribuna. Tiempo después, aquel escenario —construido especialmente para el certamen en la zona oeste de la ciudad— pasó a llevar su nombre: hoy es el Estadio Mundialista «Luciana Aymar».

Quienes tienen memoria de esos días recuerdan la magnitud del fenómeno: la efervescencia popular fue tan grande que el hotel donde se hospedaba el plantel debió ser vallado por la vigilia permanente de fanáticos que esperaban ver, aunque fuera un minuto, a sus ídolas. Para muchos vecinos de Funes, ir a Rosario a «ver a Las Leonas» en 2010 fue, ni más ni menos, el Mundial propio: el que no hizo falta seguir por streaming desde el otro lado del mundo, sino que se vivió a la vuelta de la esquina.

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El presente, con la misma emoción de siempre

Este sábado, la definición se vivió a la distancia —Amstelveen queda a más de 11 mil kilómetros—, pero con la misma intensidad de siempre. De las tres coronas mundiales del equipo, la única ganada en suelo argentino sigue siendo, justamente, la de Rosario 2010; las otras dos —Perth 2002 y este nuevo título de 2026— llegaron lejos de casa.

La emoción del folclore tampoco faltó esta vez, y el cierre del círculo fue casi literal: Luciana Aymar estuvo presente en Amstelveen, siguiendo la final desde la tribuna, visiblemente nerviosa, como una hincha más. Las transmisiones oficiales del certamen la mostraron alentando a Las Leonas en cada jugada, sedes distintas y generaciones distintas, pero la misma «Maga» que en 2010 le puso el cuerpo a la gloria ahora acompañaba de cerca a la nueva camada. Las imágenes posteriores al partido mostraron, además, lágrimas de alegría del lado argentino y de tristeza en las jugadoras neerlandesas: una escena que Aymar, mejor que nadie, sabe lo que significa haber vivido —y ganado— desde adentro de la cancha.

El plantel de Ferrara llega así a Funes y a toda la región con el mismo mensaje que dejó aquella generación de 2010: que un logro de estas características, lejos de agotarse en la anécdota deportiva, se convierte en un recuerdo colectivo. Como aquel setiembre rosarino que muchos funenses todavía cuentan como si hubiera sido ayer, este 29 de agosto de 2026 quedará marcado como el día en que Las Leonas volvieron a poner a la Argentina, una vez más, en la cima del mundo.