
Con comparsas, tecnología, música en vivo y un cierre a pura cumbia santafesina, la ciudad vivió una noche histórica que reunió a miles de personas en un evento gratuito, familiar y cada vez más identitario.
Funes volvió a hacer lo que mejor le sale: convocar, emocionar y transformar una noche cualquiera en un recuerdo colectivo. Esta vez, con una edición de “Funes Vibra” que superó todas las expectativas y confirmó algo que ya no es promesa: la ciudad es escenario de eventos masivos con identidad propia.
Desde temprano, la zona de Yrigoyen y Houssay empezó a latir distinto. Familias, grupos de amigos y visitantes de toda la región se fueron acercando para ser parte de una propuesta que combinó cultura, entretenimiento y espacio público en su mejor versión. La calle se convirtió en un verdadero corredor festivo, con feria, gastronomía y sectores preparados para disfrutar sin apuro.
Una fiesta que fue de menor a mayor
El ritmo lo marcaron las comparsas, que aportaron color, energía y ese pulso carnavalero que invita a moverse sin pedir permiso. Más de 200 comparsistas desfilaron en un formato de sambódromo urbano, mientras el público acompañaba entre aplausos y baile.
A ese despliegue tradicional se le sumó una apuesta innovadora: comparsas con tecnología LED que aportaron un clima futurista y visualmente impactante. Una combinación que logró conectar generaciones y demostrar que lo popular también puede reinventarse.
El cierre que todos esperaban
Pero si había un momento marcado en la noche, era el final. Y cumplió.
El escenario se encendió con la llegada de Los Palmeras, que pusieron el broche de oro a una jornada que ya era multitudinaria. Con sus clásicos, hicieron lo que saben: convertir un show en una celebración colectiva.
La convocatoria fue masiva. Miles de personas coparon la zona y confirmaron el crecimiento sostenido de este tipo de eventos en la ciudad, consolidando a Funes como un punto de encuentro regional para propuestas culturales abiertas y de calidad.
Funes, cada vez más escenario
Lo que pasó no fue casual. Forma parte de una construcción que viene tomando forma en los últimos años: una agenda cultural activa, pensada para el disfrute, el encuentro y el sentido de pertenencia.
En tiempos donde muchas veces cuesta encontrar espacios comunes, Funes propone algo simple pero potente: juntarse, disfrutar y vibrar.
Y esta vez, definitivamente, tenía que vibrar… y vibró.

